La Ratita Presumida

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Acerca de La Ratita Presumida

Tengo más de 30, peso más de 50 y mido menos de 1.70. Soy la española media, con mucha ropa en el armario y nada que ponerme cuando lo abro. Una terapia: ir de compras; una película: Desayuno con diamantes, Cuatro bodas y un funeral, La linterna Roja, La ley del Deseo…; un libro: Orgullo y Prejuicio, Casa de Muñecas, cualquiera de Rosa Montero y Terenci Moix; una tentación inevitable: pasar por un kiosko y comprar todas, todas las revistas de moda. Un saludo a todas las Ratitas modernas que ya no llevan lazo rojo, pero se mueren por unos zapatos de Louboutin (aunque se terminen conformando con unos de Zara).

Givenchy y mi base de maquillaje perfecta

En esto de la cosmética, ocurre un poco como en el amor, que nos pasamos media vida buscándolo y nos da mucha felicidad cuando lo tenemos. Hace unas semanas, mi querida Maia me dijo una frase que creo que me voy a tatuar “cuando encuentras un cosmético que te va bien, ¿para qué seguir buscando?”. En esto de la cosmética, como en tantas otras cosas, ocurre que siempre queremos probar cosas nuevas y a veces es mejor emplear ese tiempo en algo más valioso y usar lo que sí que sabemos que nos va bien.

¿A qué viene todo este rollo? Pues a que aparte de los propósitos de año nuevo que os conté la semana pasada, he decidido buscar mi cosmético favorito (ya sea base de maquillaje, rojo de labios o hidratante) y si me va bien, parar de buscar y disfrutarlo. Sé que parece bastante obvio, pero mi mente inconformista por naturaleza ha tardado bastante en entenderlo.

Yo tenía varias  bases de maquillaje que, si no eran perfectas para mí, sí que me iban lo suficientemente bien como para usarlas y no necesitar más. Pero con la llegada del otoño, notaba que cualquier base me tiraba y me sentía incómoda cuando me maquillaba. Decidí usar más hidratante, pero seguía sin funcionar. Hasta una experta en piel que me vio un día me dijo que la tenía bastante regular. Como una ya tiene una edad, no es cuestión de que el maquillaje te haga más mayor de lo que ya eres, así que me dediqué a buscar la base perfecta, aquella que no sacara brillos a mi piel mixta pero que hidratara la parte tirante.

Y llegó a mi vida la base de Givenchy photo´perfexion lightTras este nombre se esconde una base de maquillaje fluida que promete unificar la piel y sacar su luminosidad de modo natural, sin que apenas parezca que estás maquillada. Es una base muy ligera pero modulable, de modo que puedes cubrir algo más las partes más problemáticas y dejar un suave velo de maquillaje en el resto de la cara. El bote viene con un aplicador de espuma pero yo lo he quitado y me lo aplico con una brocha tupida. El resultado es espectacular.

Givenchy_-_Photo'perfexion_light

No me voy a poner muy técnica porque no creo que os interese, pero os diré que esta base de maquillaje ha cambiado mi rostro. Es como no ir maquillada pero tener la piel perfecta. Además, tiene un factor de protección solar diez, que aunque no es demasiado, junto con la hidratante es perfecto para mí.

Aunque no se trata de una base de maquillaje barata, creo que es el dinero mejor invertido que existe, porque en otros productos, como sombras o coloretes, hay marcas muy baratas que hacen su función pero la piel es todo y si no está bien, ya puede lo demás estar perfecto, que no va a lucir.

Así pues, he tachado la búsqueda de la base de maquillaje de mi lista de pendientes. Y espero que por mucho tiempo.

Kiabi, París y días perfectos

Nota previa: escribí este post el 7 de enero de 2015, justo cuando tenían lugar los atentados de París. Desde entonces ha estado en borrador, esperando un buen momento para ser publicado. Hoy he pensado que París es mucho más que todo lo malo que le haya sucedido, que está por encima de radicalismos y que es tan maravillosa que nada, por mucho que algunos se empeñen, puede manchar eso. Por eso París está siempre en mi corazón. Por eso quiero compartir mi viaje con vosotros. Espero que os guste.

 

Sé que desde fuera, la vida blogger parece una vida llena de eventos interesantes y planes fascinantes. Y de hecho, lo es para muchos bloggers, algunos españoles, que pasan la vida de viaje en viaje y de  evento en evento y todo lo que les rodea parece de cuento de hadas. Pero a mí esas cosas no me pasan. Parto del hecho de que no cumplo el perfil de muchos de estos bloggers y que mi situación es totalmente distinta a la de ellos, pero es que tampoco se dan las circunstancias para que ocurra. Vamos, que ni se pasan el día sugiriéndome planes interesantes ni puedo asistir a las cosas a las que me invitan en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, que me inviten a París es algo que a mí no me ocurre. O sí, pero no es lo habitual. Y si me invitan, no puedo ir. O sí.


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A día de hoy aun no me creo que los planetas se alinearan hace algo más de un mes y que pudiera decir “Sí quiero”. Cuando recibí el correo en el que me invitaban a la presentación de la colección de la marca Kiabi en una fiesta que se celebraría en París, lo primero que pensé es “no puedo ir” y lo segundo “qué pena que no puedo ir”. No se me ocurría mejor plan que visitar París justo antes de navidades, ir a una fiesta allí y desconectar de todo lo que es mi día a día. De modo que cuando todo pareció ponerse a mi favor apenas podía creérmelo. Y os tengo que confesar que no llegué a creérmelo del todo hasta que no estuve sentada en el asiento de mi avión. Esos planes siempre se chafan al final así que cuando pisé suelo francés me faltó llorar.

Fue un viaje relámpago de algo más de día y medio que aprovechamos a tope. Lo pasamos genial en la fiesta de presentación de la colección de primavera-verano de Kiabi, que se celebraba en un piso parisino que no podía ser más ideal, y en el que la colección se había dispuesto en las diferentes habitaciones del piso. La ropa en sí me gustó muchísimo, había calidad y diseño y eso, teniendo en cuenta los precios de la marca, es toda una garantía de éxito.

Al día siguiente nos levantamos temprano para aprovechar el día en París, y vaya si lo aprovechamos. Estuvimos cuatro horas andando sin parar, viendo los maravillosos escaparates con la decoración navideña, los monumentos de la ciudad, sus parques, y por supuesto, la torre Eiffel.

Sabéis que yo no soy mucho de poner demasiadas fotos en los posts, pero es que todo era tan fotografiable que no puedo evitarlo. Aquí os enseño algunas de la presentación:

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Y algunas de lo que vimos paseando por París:

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La gente de Kiabi se portó maravillosamente con nosotros y no puedo expresar lo agradecida que estoy por todo.

Y no puedo dejar de pensar que a mí estas cosas no me pasan, pero gracias a Kiabi me pasaron.

Fotos: Laura Martín

Propósitos realistas de año nuevo

Ya no sé si a estas alturas desear feliz año nuevo es lo lógico o ya no tiene mucho sentido. Pero como, una vez pasadas las fiestas navideñas, recuperados de todos los excesos y superada la resaca, he podido sentarme un rato a retomar el blog al fin, este post es como si fuera el de año nuevo, así que, daos por felicitados.

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Si hay algo que me gusta de septiembre y de enero es esa necesidad de renovación, de búsqueda de un nuevo yo mejorado que nos invade a todo. Nuestra vida se llena de proyectos y de la necesidad de dar un giro a nuestra vida, aunque sea en pequeñas cosas. Si algo me ha enseñado la madurez es que, hasta en los propósitos hay que ser realista. Como soy la reina de las listas, os cuento cuáles son los míos, qué básicamente consisten en mantener los que ya había comenzado el año pasado y darles un nuevo empujón:

  • Hacer vida sana. Este ya le tenía desde hace tiempo, comencé en el gimnasio y me gusta. En la navidad me he pasado bastante a la hora de comer, así que desde el día siete estoy a dieta, que consiste sobre todo en comer sano y en quitarme esos pequeños pecados que todos tenemos. Hasta el momento voy bien, sobre todo en el tema de no tomarme la comida como un premio a un mal día o como un calmante contra la ansiedad. He descubiertos los zumos naturales más allá del clásico zumo de naranja y estoy intentando una alimentación con mucha fruta, verdura, proteínas e hidratos de carbono de absorción lenta, porque, siendo sincera conmigo misma, me veo incapaz de prescindir totalmente de ellos, necesito su aporte de energía para sobrevivir a mis días. El ejercicio me sienta genial y la dieta me da más energía de la que yo creía, porque me veía arrastrada por las esquinas y enfadada con el mundo. No está siendo así y estoy feliz con ello.
  • Escribir. Un viejo sueño que estoy intentando incorporar a mi rutina. Tengo en mente una historia desde hace mucho tiempo y quiero ver si soy capaz de plasmarla y compartirla. No tengo grandes expectativas, sólo el sueño de llegar a publicarla algún día. Para ello, las plataformas digitales son una enorme ventaja. Quizás nunca vea mi novela en papel pero al menos podré publicarla en formato digital, y quién sabe, a lo mejor incluso algún incauto se anime a leerla. Es mi gran sueño, y ya va siendo hora de hacerlo realidad, aunque sea robándole tiempo a mi descanso. Os iré contando.
  • Comprar de modo inteligente. Este también lo tengo prácticamente asimilado, pero no está mal recordarlo de vez en cuando. Estoy leyendo muchísimo sobre compras, estilo personal, ordenación de armarios y creo que estoy poco a poco consiguiendo frenar las compras impulsivas. A día de hoy, todo lo que hay en mi vestidor son prendas que me gustan, y cada una tiene su sentido ahí. Ya os iré contando mis trucos y espero que os sean de ayuda.
  • Tomar distancia con las redes sociales. Sé que es el que más me va a costar, pero tengo que conseguir que mi teléfono móvil no sea una extensión de mi brazo y que la consulta de whatsapp, twitter o instagram no sea un tic que no puedo controlar. También, en esa línea, tengo que conseguir que no me afecten según que comentarios y conversaciones. El tema de relativizar y pensar que realmente no es tan importante, lo tengo prácticamente logrado, pero tengo que intentar evitar según qué malos ratos que no me benefician en absoluto. Estamos trabajando en ello…
  • Cuidarme, quererme. Como resumen de todos los propósitos anteriores. Tanto en lo puramente físico, con rutinas de belleza que, aunque ya tengo bastante consolidadas, nunca está de más insistir para no hacer pereza, desde maquillarme cada día, esforzarme en no vestir de cualquier manera porque, total, estoy en casa y nadie me va a ver, cuidar la ropa interior, la ropa de estar por casa, la ropa de dormir… hasta en lo psicológico. Me doy mucha caña a mí misma y muchas veces doy pie a que haya gente que no me valore. Tengo que creer en mí para que los demás también lo hagan y eso me cuesta un mundo. Afortunadamente, tengo en mi marido un compañero de viaje que me da todo el apoyo del mundo y tiene más fe en mí que yo misma. Sin buscar la revancha, tengo que aprender a demostrar mi valía.

Fruto de todos estos objetivos, este blog irá viendo pasar posts sobre todos los temas que os he mencionado. Espero que me acompañéis en el viaje por este año impar que se presenta muy interesante.

Os espero.

Resolución del concurso Fun&Basics Kids

Hace quince días inicié un concurso en twitter y aquí cuyo premio era un lote de prendas de la marca Fun&Basics valorado en 15o euros.

La ganadora ha sido

Montse

Me pondré en contacto con ella para comunicarle el premio.

Muchas gracias a todos los participantes.

 

Inauguración de la tienda Louis Vuitton en Madrid

Si hay algo por lo que merece la pena llevar tantos años con el blog es precisamente por las experiencias que te brinda, que de ningún otro modo podrías vivir.

Hace aproximadamente un mes, recibí un correo de parte de Louis Vuitton en el que me invitaban a la inauguración de su nueva tienda en la Calle Serrano, en Madrid. La emoción fue en aumento cuando recibí una carta con la invitación física, invitación que guardaré como un tesoro para siempre. Y como dijo mi marido “es de esas cosas a las que hay que ir sí o sí”.

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Hasta ahora, Louis Vuitton tenía tienda física en la calle Ortega y Gasset, una tienda pequeñita y llena de encanto pero en la únicamente vendían los complementos de la marca, no el pret-a-porter. La apertura en Serrano viene acompañada de la colección crucero de la firma (la última presentada en París) así como de todos los complementos tanto masculinos como femeninos. Por el momento no cuenta con la colección masculina, aunque supongo que será cuestión de tiempo.

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La tienda en sí es absolutamente espectacular. Tres plantas en la que los complementos ocupan la planta baja, el pret-a-porter la segunda y una tercera planta, que aunque pudimos visitar ese día, permanecerá cerrada y se usará únicamente como showroom y para presentaciones a la prensa.

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El trato que nos ofrecieron las muchísimas dependientas de la tienda fue maravilloso. Nos contaron individualmente todo el concepto de la tienda en la que hay objetos tan curiosos como un baúl de principios del siglo XX perteneciente a una familia española que estuvo dos años recorriendo el mundo acompañados de siete baúles de la firma o una mesa de cuero que ocupa toda la parte central de la planta baja y que será donde se realicen la marroquinería personalizada. La prendas de pret-a-porter son una auténtica maravilla, y en ellas ya se nota la impronta de la firma, que era lo que buscaban desde hacía tiempo y que parece que Nicolas Ghesquière ha captado a la perfección. Los cortes evase, el tratamiento de los tejidos, el uso del color… todas las prendas tienen el sello “Louis Vuitton” y consiguen que deje de ser una marca de complementos para ser una potente firma a nivel global.

En cuanto al local, lo más llamativo es la escalera, realizada por un artesano francés inspirado en la balconería de Madrid y que repite en metal la flor de lis, símbolo de la marca.

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Lo cierto es que fue toda una experiencia y más allá de que mi economía me permita darme algún capricho en la tienda, me impregné de toda su magia y de la historia de una firma que es una de las más antiguas que aún se mantienen.

Y a juzgar por las asiáticas deseosas de comprar el día de la inauguración, con mucho éxito.

Fotos: Laura Martín

How to get away with murder: tramposa Shonda

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No me las voy a dar de exquisita en cuanto a series se refiere porque yo, como cualquier hijo de vecino, también me he enganchado a series de dudosa calidad y con muchas de ellas, aun sigo. De hecho, tengo que confesar que cuando empezó a emitirse Anatomía de Grey me pareció una serie muy divertida y agradecí el cambio de registro respecto a otras series “de médicos”. De hecho, el comentario más generalizado para referirse a ella era “es una comedia de enredo que sucede en un hospital como podría suceder en cualquier otro lugar” pues la medicina era algo anecdótico entre tanto lío de cama de sus protagonistas. Con el tiempo, la serie fue cambiando y todos los que hemos seguido fieles a ella sabemos lo que es “llorarse una serie” episodio tras episodio. Pese a todo, también me enganché a Private Practice, spin-off de la anterior y que comenzó como aquella para terminar como el rosario de la aurora. Pongamos como ejemplo al personaje que interpretaba Amy Brenneman, que se quedó embarazada sin saber de quién era el hijo, una loca le abrió en canal para robarle el bebé, finalmente se terminó casando con uno de los novios y este murió de un infarto. Y todo esto en unos pocos años de su vida. No me extraña que terminara loca perdida y en una secta en The Leftovers. Aun así, sentí que la serie terminara y cuando lo hizo me prometí a mi misma que no volvería a caer con ninguna serie de Shonda Rhimes, la mente pensante tras estas dos ficciones.

Así pues, cuando empezó Scandal, decidí que, pese a leer todo tipo de comentarios sobre ella, no vería ni uno sólo de sus episodios, palabra que he cumplido hasta el día de hoy.

Desde hace un par de meses, un nuevo cachorro se ha unido a la camada de la productora Rhimes. Se trata de How to Get Away With Murder. No pensaba ver ni un sólo de sus episodios, siendo fiel a mi auto promesa pero el parón navideño unido a las múltiples listas de mejores series del año entre las que se encontraba, pudieron con mi curiosidad. Así que ayer vi los dos primeros episodios. Eso sí, desde la crítica más absoluta y prevenida sobre el enganche que las series de esta señora producen.

¿Y qué opino sobre ella? Que sigue una por una las características de sus series: protagonistas atractivos, listos, guapos e inteligentes. Y triunfadores. Igual que en Anatomía de Grey sus protagonistas consiguen milagro tras milagro en la medicina, la protagonista de How to Get Away With Murder gana juicio tras juicio, sin importarle la ética. Una subtrama de continuidad que engancha porque nos va dando pildoritas que nos hacen querer saber más. Todos esconden algo, y eso nos hace pegarnos a la pantalla pidiendo nuestra dosis de información.

Aparte de que, obviamente la serie es tan manipuladora como las anteriores, las comparaciones con LA MÁS GRANDE (The Good Wife) son odiosas. Sé que no se tienen porqué comparar, porque son distintas y a lo largo de la historia ha habido cientos de series de abogados de diferentes estilos, pero es que todo lo que ocurre en How To Get Away With Murder es tan increíble, que al final no sabes si tomártelo en serio o reírte a carcajadas. En cualquier caso, toman la realidad y le dan una patada. ¿Una clase de derecho en la que hay un concurso y los alumnos que lo ganen empiezan directamente a trabajar en un bufete? ¿una abogada que puede mostrar todas sus trampas en un juicio sin que el abogado de la otra parte haga nada aparte de mirar con cara de bobo? ¿Giros imposibles? Pues sí, todo eso y más es How To Get Away With Murder.

En cualquier caso, yo la calidad no la he encontrado por ningún lado. O está al mismo nivel que “True Blood” o “The Vampire Diaries”, series ambas que he seguido fielmente.

¿Veré algún episodio más? No lo sé, todo depende de la necesidad que tenga de esta droga dura que Shonda Rhime nos ofrece.