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El sábado por fin fuí. Después de que por una cuestión u otra, mi visita se viera cancelada o atrasada, por fin tuve un rato y pude conocerla. Marc Jacobs había abierto tienda en Madrid y no puedo creer que haya tardado tanto en pasarme por allí.

Quizás sea el nuevo Soho madrileño, quizás vaya a ser el nuevo sitio de moda y en el que las tiendas más punteras abran sus puertas, pero lo cierto es que tuve que ir adrede para allá, porque no me pillaba demasiado cerca de nada.

Aparcamos relativamente cerca (el tema de los aparcamientos en Madrid daría para varios posts, pero tampoco iba a descubrir nada nuevo), y con un frío helador, nos encaminamos hacia la tienda.

Su imagen exterior es así:

 

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¿La sensación que tuve al entrar? Que entraba en un bershka espantosamente caro: música tecno a un volumen ensordecedor, chicos y chicas guapas por doquier, ropa con colores llamativos…

Evidentemente, había sutiles diferencias. Nada más entrar, un chico, al que llamaré Amabilísimo, bastante guapo y atento, nos saludó y nos comenzó a hablar. Eso es algo que en Bershka no ocurriría jamás. La amabilidad es un bien escaso en el mundo Inditex (aunque afortunadamente también puedes dar con gente agradable, no quiero generalizar).

Nos indicó que arriba podríamos ver la colección masculina y la de niño, porque, aunque abajo había una pequeña muestra, no era significativa.

Di una vuelta por la zona de mujer, me escandalicé con los precios, porque hay que tener en cuenta que se trata de la segunda marca de Marc Jacobs, y no había nada que bajara de los doscientos euros, y decidimos subir a la segunda. Se lo comenté a Amabilísimo y él respondió “Vale, subo con vosotros”. Me dejó muerta. Dejé de sentirme en bershka, para sentirme en una tienda de los chinos, con un señor persiguiéndome allí donde iba. Repito que debo estar muy acostumbrada al mundo Inditex, porque eso de tener un dependiente para mí sola me agobia bastante.

En el camino hacia arriba, como una no puede callar ni debajo del agua ni dejar un momento vacío de palabras ni loca pues le pregunté si podía hacer fotos. Sabía la respuesta, pero al menos había algo de conversación. Obviamente me dijo que lo tenían prohibidísimo. Lástima.

La ropa de niña eran preciosa, pero sólo puedo imaginar a Suri Cruise con vestidos de trescientos euros. Amabilísimo sacaba un trapo tras otro explicándonos su fabulosa confección y sus infinitas maneras de combinación. Me debió ver cara de millonaria. Yo le daba cancha sin sacarle de su error. Pocas veces me han tratado tan bien, y no iba a acabar con esa estupenda incipiente relación de un golpe. Nada de eso.

Volvimos a bajar y yo me centré en buscar esos special items sobre los que ya escribí un post, y que realmente, suponían la base de mi visita, porque hasta las rebajas no me planteo comprar nada de temporada de aquella tienda.

No ví nada de nada. Bueno sí, los preservativos de colores y las camisetas que, con motivo de la apertura de la tienda, han diseñado. No me iba demasiado. También había unas diademas, que en un bol de cristal se ofrecían al cliente a modo de H&M, pero al precio de sesenta euros. Yo no pago sesenta euros por un trocito de plástico rosa con una estrella, por mucho que Amabilísimo  me diga que es ideal.

Descorazonada por irme sin una mala bolsa que echarme a la mano, ya me encaminaba a la puerta, cuando descubrí la serie de camisetas que, con caras (y cuerpos) famosos había reallizado meses atrás. ¡Bien, por fin algo que no me arruinara para el resto del mes!

Me cogí esta:

 

camiseta marc jacobs

 

Me costó 35 euros y además colaboré con una buena causa: el melanoma o cáncer de piel. De ahí el doble sentido de la frase…

Amabilísimo, emocionado con mi adquisición, me dijo que me quedaría estupenda con un cardigan largo y unos pantalones ajustados. Parecía que había vendido un vestido de seiscientos euros. Ese chico se gana cada euro que le pagan.

Yo salí de allí más feliz que un regaliz, con mi bolsita:

 

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El gorila, vestido de lo más moderno, nos saludó al salir. Yo me sentí en el cielo.

¡Amabilísimo, nos vemos en las rebajas!

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