He preparado una serie de posts sobre los que son para mí los básicos del maquillaje, de mi maquillaje del día a día. No pretendo dármelas de experta, para eso ya hay muchos blogs estupendos que os pueden recomendar miles de novedades en cuanto a cosmética, sólo pretendo ir enseñando lo que son mis imprescindibles a la hora de darle un mejor aspecto a mi rostro.

El tema del colorete siempre ha sido un problema para mí. Primero no sabía muy bien cómo aplicármelo, porque este look años ochenta del colorete como un brochazo cruzando la cara me parecía espantoso y tuve que aprender (gracias a los vídeos de youtube y algún que otro curso de automaquillaje) a que tenía que observar dónde está mi rubor de modo natural (ya sabéis, cuando me pongo colorada) y es ahí donde debía aplicarlo.

Luego estuvo la búsqueda del colorete perfecto. Os prometo que he buscado muchísimo, tanto en marcas low cost como en primeras marcas y ninguno me ha llegado a convencer. Y ahí es cuando empecé a oír hablar del Orgasm de Nars, que era el que usaba Sarah Jessica Parker en Sexo en Nueva York y que reconozco que me encantaba cómo le quedaba. Pero me parecía demasiado caro para ser sólo un colorete. 

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Lo probé finalmente gracias a Saraialma, que me maquilló para la comunión de mi hija y me gustó mucho cómo quedaba. Pero estaba la duda de si era por el colorete en sí o por la mano de la maquilladora.

Llegó el inicio del verano y me apetecía darme un homenaje, así que fui a Sephora de Gran Vía (porque desgraciadamente Nars no es una marca que esté presente en muchas tiendas) dispuesta a comprármelo. Pero la dependienta me dijo que el Superorgasm era prácticamente igual y estaba mucho más barato en ese momento. A mí, que una oferta me pierde, me pareció estupenda su explicación y me lo llevé.

Fue utilizarlo la primera vez y comprendí lo mucho que un buen maquillaje, sea del tipo que sea, puede hacer por una persona. ¡Menudo cambio!

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Lo he estado utilizando todo el verano y parte del otoño pero a veces, los brillitos que tiene eran demasiado para mí y decidí volver a aprovechar los descuentos de Sephora (qué perdición), y me compré el Orgasm.

Desde entonces soy una enamorada de este colorete. No sé si serán los pigmentos, el color o qué, pero no tiene nada que ver con ningún otro colorete que haya probado. El efecto «buena cara» es inmediato y sinceramente, ahora comprendo la fama que le precede. Y también comprendo que, aunque me sigue resultando caro, me parece una gran inversión por lo mucho que mejora el aspecto.

Así pues, desde hace unos meses soy fiel a Nars y entre mis básicos del maquillaje estará durante mucho tiempo el Orgasm.

Fotos: Laura Martín